miércoles, 10 de febrero de 2010

Hoy soñe...




Despierto en una cama extraña, sabanas que no son las mías, una habitación distinta y todo dolorido.
La primera sensación fue ominosa, desgarradora… Mi cerebro, se había creído lo que soñé, y había soñado con “ella”; algo simple, no muy rebuscado, y fuera de lo extraño, se asemejaba muchísimo a lo que en la realidad hubiera gustado que sucediera. Lo desgraciado de esto, es que al despertar, pasado esos veinte segundos de felicidad, uno entra en la realidad y se entera de que fue un sueño, si bien, no era imposible lo que soñé, está fuera de mi que esto suceda, y eso me tortura.
Pero consideremos ciertas cosas, como la necesidad de alcanzar estos sueños… ¿que nos motiva a soñar y despertarnos ilusionados? Cada uno vive con sus reglas, con sus valores, y mis valores… esos parece que están fuera de los rangos, porque hay un solo “atributo” que esta por sobre todos, y es de extrañar que escriba sobre ello y no lo nombre. Por exceso, o por defecto todos encontramos el punto medio. En este caso, esta sensación continua al extremo.

0 comentarios: