miércoles, 10 de febrero de 2010

Wellcome to the jungle

Si, si… estoy exagerando, Tucumán no es ni por mucho una jungla, quizás comparada con Venado Tuerto, se podría decir que es un baldío un poco grande con plantas crecidas. No deja de ser una ciudad grande, pero la indosicracia de las personas la transforman en una ciudad más amiguera.
Podría decir de capital, que es una jungla, pero bueno, el hecho es que la ciudad me recibió, como siempre, con los brazos abiertos de las personas que me quieren, y eso realmente me reconforta.
Para no cambiar la rutina, hace tres días que estoy acá, y dormí siempre en camas diferentes, todavía no encuentro una que me venga cómoda. Me queda una sola por probar en mi casa, y si no, supongo que tendré que comprar un colchón nuevo, lo cual me encantaría.
Lo que vine a hacer, lo estoy retrasando, siento la necesidad de no quedarme, se que lo necesito, pero se me hace pesado alejarme de ciertas cosas, pero supongo… solo supongo y sueño, con que todo va a llegar en su momento debido.
Como curiosidad, el viaje se me hizo sumamente corto, y recién hoy me doy cuenta de porqué, el viaje se acorto, porque no tenía ganas de llegar, y cuando viajas sin ansiedad, se te hace corto.
Me tendré que acostumbrar, o sucumbir…

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